martes, 30 de mayo de 2017

Travesuras de la niña mala

Título: Travesuras de la niña mala
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaguara
Páginas: 380

Sinopsis:
¿Cuál es el verdadero rostro del amor? Ricardo ve cumplido, a una edad muy temprana, el sueño que en su Lima natal alimentó desde que tenía uso de razón: vivir en París. Pero el rencuentro con un amor de adolescencia lo cambiará todo. La joven, inconformista, aventurera, pragmática e inquieta, lo arrastrará fuera del pequeño mundo de sus ambiciones. Testigos de épocas convulsas y florecientes en ciudades como Londres, París, Tokio o Madrid, que aquí son mucho más que escenarios, ambos personajes verán sus vidas entrelazarse sin llegar a coincidir del todo. Sin embargo, esta danza de encuentros y desencuentros hará crecer la intensidad del relato página a página hasta propiciar una verdadera fusión del lector con el universo emocional de los protagonistas. Creando una admirable tensión entre lo cómico y lo trágico, Mario Vargas Llosa juega con la realidad y la ficción para liberar una historia en la que el amor se nos muestra indefinible, dueño de mil caras, como la niña mala. Pasión y distancia, azar y destino, dolor y disfrute... ¿Cuál es el verdadero rostro del amor? 

Opinión:
Hay libros que, en ocasiones, es mejor no leer. Y no porque el libro sea malo o porque no diga nada. Más bien por todo lo contrario. Eso pasa con "Travesuras de la niña mala," de Vargas Llosa, donde el maestro nos lleva a recorrer y reconocer el verdadero amor. Vargas Llosa se escuda en una historia de amor y erotismo, con algunas dosis de humor y mucho de tristeza, para mostrarnos la realidad de Ricardo. Un oscuro traductor e interprete con una profesión que refleja a las claras qué será su vida: la narración de los sucesos del otro.

De la otra: Lilly, la chilenita, la guerrillera. La peruanita Otilita de la que se enamorará de crío y que le acompañará toda su vida. La niña mala que amarga la vida del “niño bueno”. Pero que le da los mejores momentos de su vida. Que le absorbe y anula. Que se aprovecha de él. Que juega con él. Una historia tan imposible que nos permite vernos reflejados en ella ya que ¿quién no ha tenido su “niña mala”?. Una guerrillera que haya destrozado su alma hasta convertirla en una mera extensión de su deseo. Del de ella, claro.

Ricardo vivirá por ella. A través de sus aventuras. Descansando sólo cuando ella le permita descansar de su presencia. Y todos hemos sufrido eso alguna vez. Al leerlo uno llega a sentirse como el “niño bueno”. Dispuesto a darlo todo por alguien que, en el fondo, sólo quiere la seguridad de un amor ciego, irracional como es todo amor, que no entiende de razonamientos lógicos. Un amor como son todos, donde la razón avisa y advierte a cada momento de lo peligroso de la situación, pero donde el corazón se antepone a la razón y se carga de valor y de locura para negar el peligro y sólo ver lo bueno que la “niña mala” da a su vida. A la tuya. A la mía.

En el fondo, “Travesuras de una niña mala” nos habla de eso. Del amor irracional, eterno casi, que todos llegamos a entrever en nuestra existencia. Algunos tienen la suerte de poseer lo hasta el final. Otros se conforman con haberlo rozado y haber dejado a la niña mala cerca de sus vida, absorbiendo lo bueno que les ofrece y espantando con una mano de razón la locura de la sinrazón del corazón. Obviando y olvidando el daño, que no el mal, que causa su cercanía, su visión, su presencia. Y sabiendo que aun así, es menor el daño que el sufrido por no tenerla.

Por eso, "Travesuras de una niña mala", es uno de esos libros, pocos, que llegan al alma. Que te convierte en el protagonista más allá de cualquier ficción. Que te lleva a sentirte parte de la historia y que convierte a la propia historia en inseparable de tu vida. Aunque, al final, uno acabe llorando por Ricardo, por la niña mala y por el niño bueno, sin saber si la niña mala es Lilly o la que atormenta tus sueños. O si el niño bueno es Ricardo, o lleva tu nombre en su DNI.

viernes, 26 de mayo de 2017

Profundidades de Henning Mankell


  • Título: Profundidades.
  • Autor: Henning Mankell
  • Páginas: 320 págs.
  • Editorial: TUSQUETS EDITORES


Sinopsis:
En octubre de 1914, pocos meses después del estallido de la primera guerra mundial, el oficial de la Marina sueca Lars Tobiasson-Svartman recibe la orden de embarcar en el acorazado Svea para cumplir una misión secreta relacionada con las rutas de navegación. Hidrógrafo experto en medir las profundidades marinas, Lars es un hombre reservado y silencioso acostumbrado a guardar las distancias con los demás, incluso con su delicada mujer, Kristina, a quien ha dejado en Estocolmo. Siempre ha soñado con encontrar un lugar donde la plomada no toque fondo, y sospecha que en ese viaje tal vez se realice su sueño. En el curso de la misión, Lars descubre una pequeña isla, situada en medio de un archipiélago y habitada por una joven solitaria, de maneras rudas, llamada Sara Fredrika. Sin dejarse seducir por lo que podría ser un espejismo, Lars regresa a Estocolmo una vez acabada su tarea. Sin embargo, siente que se ha roto el frágil equilibrio en que vive e, incapaz de olvidar su encuentro con Sara Fredrika, tratará de volver a cualquier precio a la isla.

Opinión:
Definitivamente, Mankell se hundió con Profundidades. No su literatura que, más allá de Wallander, es magnifica. Pero sí los sentimientos que acompañan a sus letras. Ese pesimismo que se ve desde las primeras novelas de la saga del genial inspector de Ystad va cobrando protagonismo en sus últimas obras. Así, si “Zapatos Italianos” es una hermosa elegía a la vida, cargada de pesimismo, en “Profundidades” nos hunde en el abismo helado en el que Lars Tobiasson-Svartman lanza su plomada. Metáfora de un mundo que se descompone, las distancias medidas por Lars se invierten entre líneas.

Mankell nos trasporta a la Suecia de la primera Guerra Mundial y hace presente el miedo y la división que existe entre las clases pudientes, como Lars y su esposa Kristina, y la indiferencia de un pueblo que ni entiende ni sabe. Que sólo sabe de vivir en pequeñas islas aisladas por la barquisa cuando llega el invierno. La soledad que ya se dejaba ver en “Zapatos” viene ahora con mayor fuerza. Lars está solo, sin importar que pase grandes temporadas embarcado en navíos abarrotados de hombres. Sin importar que en su soledad el solo recuerdo del perfume de su esposa le transporte junto a ella. Sin tocarse. Sin importar que logre acercarse a Sara lo suficiente para convertirse en “su hombre”. Cuanto más cerca, más lejos. Una esposa que aparece dibujada en pequeños retazos: un olor, el rostro sin vida de sus muñecas de porcelana, un único ataque de ira. Y un Lars que cambia ante nuestros ojos: el hidrógrafo racional que va dejando paso al loco que vive en sus fantasías. El hombre respetuoso que deja que la ira vaya ganando espacio en su vida, y un final marcado en piedra como lápida mortuoria de su propia existencia.

Una vida que se carga de mentiras, de soledad, de tristeza y de muerte. Mankell nos empuja hacia ese pesimismo vital que afecta siempre a su obra y que en está ocasión gana la partida al resto.