jueves, 29 de junio de 2017

Cien años de soledad


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Título: Cien años de soledad.
Autor: Gabriel García Márquez.
Editorial: Debolsillo.
Páginas: 496.

Sinopsis

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.» Con estas palabras empieza una novela legendaria, una de las aventuras literarias más fascinantes del siglo XX. La familia Buendía-Iguarán, con sus milagros, fantasías, obsesiones, tragedias, incestos, adulterios, rebeldías, descubrimientos y condenas, representa al mismo tiempo el mito y la historia, la tragedia y el amor del mundo entero.

Opinión


Siempre que me enfrento a la lectura de una novela catalogada como un clásico de la literatura universal, como es la que os traigo hoy, siento una especie de responsabilidad u obligación, en el sentido de que me tiene que gustar sí o sí, porque sino ¿Qué clase de lectora soy? Y es que hay cierto esnobismo en esto de la literatura y parece que si no te gusta cierto tipo de autores o géneros no eres nadie, o si prefieres la literatura juvenil o romántica eres de un escalafón menor en esto de la sociedad literaria. Y hay esnobismo y se nota cuando "El país" publica un artículo en el que ¡horror! una youtuber vende más libros que Vargas Llosa (por mencionar un ejemplo) en la Feria del Libro de Madrid... bueno, siempre he sido de la opinión que en este tema de los jóvenes la principal meta era lograr que leyeran (¡y vaya meta!) ya fuera Crepúsculo, Los juegos del hambre, o "La hija del fontanero se enamora de un príncipe"... lo fundamental era (y es) que los jóvenes abrieran un libro, que ya luego ellos se irían forjando su camino lector. Pero bueno, quizás peco de ingenua. En cualquier caso, el esnobismo está ahí y el esnobismo exige que te guste cierto tipo de literatura.

¿A qué viene toda esta parrafada? Pues quizás me esté justificando, porque por mucho empeño puse, a mí Cien años de soledad me pareció tremendamente soporífera de principio a fin. Aunque tuvo sus momentos. Creo que lo que más me ha gustado de la novela en sí es la representación del realismo mágico, es decir, la idea de ver diferentes generaciones de una familia cuando menos estrambótica en un contexto de contidianedad. Y solo por eso merece la pena leerla seguro, porque si eres un lector o lectora que disfrutas con Isabel Allende, Laura Esquivel o, por ejemplo, Cristina López Barrios debes leer a Márquez sí o sí, para entender qué es todo eso del realismo mágico. Y dentro de este concepto de realismo mágico, el personaje con el que más he disfrutando es Úrsula, por ser ella un personaje casi inmortal, el pilar de una familia que tiene sus altos y sus bajos. Sin Úrsula Cien años de soledad no podría existir.

Junto a la exposición de lo que es el realismo mágico, he disfrutado enormemente con la idea de no saber en qué contexto o en qué punto de la historia se desarrolla la novela. Macondo no existe, obviamente, queda en la imaginación del lector el situarlo aquí o allí. Yo, sin duda, lo ubico en algún punto de Colombia. De la misma manera que queda a la imaginación del lector el contexto histórico, que por lo que se va contando uno puede intuir o imaginar que se mueve en el siglo XIX, por eso de las guerras en las que se ve envuelto el coronel Buendía. Pero el autor no nos dice nada explícitamente, y es el lector quien debe imaginarlo, aunque lo cierto es que uno se acaba preguntando ¿Es necesario saberlo? Pues no, porque ni saber dónde está Macondo, ni el contexto importa mucho, porque lo que importa son las peripecias de la familia Buendía, cuyos integrantes vamos conociendo poco a poco. De hecho el autor da su momento de gloria a cada uno de ellos. Para mí, sin duda alguna, la más fascinante es la del coronel y la que más pegada me tuvo a la lectura. El resto, como he dicho, algo soporífera.

No me avergüenzo en admitir que el hecho de que me haya parecido soporífera se debe quizás a dos motivos: el primero, a que no he logrado entender del todo el propósito de la novela. Quizás aquí mi lado pragmático me juega una mala pasada porque ¿Por qué tendría que tener una novela un propósito y más cuando se encuadra en eso del realismo mágico? El segundo, porque por motivos profesionales no he podido centrarme adecuadamente en la lectura del libro y me da la sensación de que esta es una de esas novelas que no se pueden leer a la ligera y yo no lo he hecho con mis cinco sentidos. Prácticamente desde el principio ya me sentí abrumada con tantos Aurelianos y José Arcadios que ya no sabía ni a quien se refería, luego hubo historias que se me hicieron totalmente insufribles y, por último, no logré entender el final. Sí que creo que fue un final redondo, por eso de que cierra un círculo, pero no logré interpretarlo bien. 

En cualquier caso, a pesar de esta opinión tan negativa, creo que le voy a dar otra oportunidad a Márquez porque autores como él se lo merecen. Espero poder disfrutar un poquito más en la próxima lectura que muy probablemente sea "El amor en tiempos del cólera". 

martes, 27 de junio de 2017

La mecánica del corazón

Título: La mecánica del corazón
Autor: Mathias Malzieu
Páginas: 176 págs.
Editorial: Random House

Sinopsis

En la noche más fría del siglo XIX, nace en Edimburgo Jack, el frágil hijo de una prostituta. El bebé nace con un corazón débil y para salvarlo le colocan un reloj de madera al que habrá de dar cuerda toda su vida. La prótesis funciona y Jack sobrevive, pero debe respetar una regla: evitar todo tipo de emoción que pueda alterar su corazón. Nada de enfados y, sobre todo, nada de enamorarse. Pero Jack conoce a una pequeña cantante de ojos grandes, Miss Acacia, una joven andaluza que pondrá a prueba el corazón de nuestro tierno héroe. Por el amor que siente hacia la joven, Jack se lanzará a una aventura quijotesca que le llevará desde Edimburgo a París, a las calles de Granada, haciéndole conocer las dulzuras y durezas del amor.

Opinión

Mathias Malzieu nos brinda la oportunidad de conocer la historia del pequeño Jack: un niño que nació el día más frío de la historia, en 1874, en lo alto de una montaña de Edimburgo, y a manos de una extraña mujer la mar de apañada que se hace cargo de él. Tan apañada fue que le instaló un reloj de cuco en el mismísimo corazón -por eso de que nació con el corazón helado, del frío que hacía por aquel entonces- a la voz de "cuidí, no te vayas a enamorar, que tu corazón no podría con tanto sufrimiento".

    Evidentemente, el pequeño -y muy elocuente- Jack se enamora, describiéndonos con magnífica soltura y un estilo bastante buenecito (aunque nada propio de un crío de unos diez años) las sensaciones que despiertan el él ese primer y gran amor, Acacia, y el consecuente dolor del corazón de cuco, que está atacaíto porque no cabe en sí de gozo y de deleite. Y evidentemente, como le advertía la madre postiza, en el amor no todo es jijí, jajá, y sufre potentemente. 

    Curioso es el hecho de que es el protagonista el que nos cuenta su historia en primera persona y tiempo presente, lo cual no es nada revolucionario y menos a día de hoy, donde abundan las novelas de este estilo como Los Juegos del Hambre, Las sombras de Grey o las novelas de la Roca. Lo interesante está en las primeras hojas, en el que el pequeño Jack describe su nacimiento, incluso desde antes del mismo y, además, así de bien:

     Las pequeñas callejuelas de Edimburgo se metamorfosean. Las fuentes se transforman en jarrones helados que sujetan ramilletes de hielo. El viejo río se ha disfrazado de lago de azúcar glaseado y se extiende hasta el mar. Las olas resuenan como cristales rotos. La escarcha cae cubriendo de lentejuelas a los gatos. Los árboles parecen grandes hadas que visten camisón blanco, estiran sus ramas, bostezan a la luna y observan cómo derrapan los coches de caballos sobre los adoquines. El frío es tan intenso que los pájaros se congelan en pleno vuelo antes de caer estrellados contra el suelo. El sonido que emiten al fallecer es dulce, a pesar de ser el sonido de la muerte. Es el día más frío de la historia. Y hoy es el día de mi nacimiento.

    La originalidad de la historia, las descripciones y la trama -así como el inesperado y doloroso desenlace- son un punto a favor de esta breve novela que nada tiene que ver con la segunda de este mismo autor, en la que aparecen estos personajes y se toma, por tal cosa, como su segunda parte: La alargada sombra del amor, que deja muchísimo que desear por lo pesado e insustancial de la historia. 

sábado, 24 de junio de 2017

El mundo de ayer

Título: El mundo de ayer. Memorias de un europeo.
Autor: Stefan Zweig.
Editorial: Acantilado.
Páginas: 546

Sinopsis

'El mundo de ayer' es uno de los más conmovedores y atractivos testimonios de nuestro pasado reciente, escrito además con mano maestra por un europeo empapado de civilización y nostalgia por un mundo, el suyo, que se iba desintegrando a pasos agigantados. Escritor extraordinariamente popular y testigo de excepción de los cambios que convulsionaron la Europa del siglo XX entre las dos guerras mundiales, Zweig recuerda, desposeído y en tierra extraña—en unas circunstancias personales de insospechado dramatismo—, los momentos fundamentales de su vida, paralela en mucho a la desmembración de aquella Europa central que se quería más libre y segura, al abrigo de la locura y la tormenta. El resultado es un libro capital, uno de los mejores de Zweig y referencia inexcusable para entender los desvaríos de un siglo devastador.

Opinión
Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y sólo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la caída, sólo éste ha vivido de verdad, así termina una obra a la que considero desde ya, y sin ninguna duda, una de mis mejores lecturas del año (por no decir la mejor). Zweig llevaba ya tiempo siendo uno de mis muchos autores pendientes (poco a poco voy tachando nombres de esa lista), pese a que ya había leído de él su biografía de María Antonieta y su novela Carta de una desconocida. Y consideraba que era uno de mis pendientes, pese a que ya me había estrenado con él, porque sentía (y aún siento) que no había explorado con la suficiente profundidad su bibliografía, la cual incluye biografías, novelas, ensayos, etc. Zweig fue un digno representante de su época y estas memorias son una prueba de ello.

No obstante, sería injusto con la obra y su autor el considerar El mundo de ayer como una mera obra biográfica o unas memorias sin más, básicamente porque no es, en mi opinión, ni una cosa ni la otra sino que es una mezcla de ambas. Tampoco creo que el centro mismo de la obra sea el autor, es decir, no es una autobiografía, sino más bien un retrato del espíritu europeo del primeros del siglo XX y de ahí que el subtítulo sea de lo más apropiado: Memorias de un europeo. Y es que Zweig habla de él como europeo y de una sociedad en Europa que nos puede parecer lejana, pero de la que en realidad apenas nos distancia 60 años y cuyo legado aún nos acompaña. Se trata de una sociedad europea que en 50 años experimentó unos cambios inimaginables tanto en lo político, lo social, lo económico, lo moral, lo cultural y, por qué no decirlo, lo emocional. Y Zweig, como austríaco, fue testigo de todo ello y en este libro se respira todo ello, pues el autor nos habla, en calidad de testigo, de todos esos cambios por los que pasó Europa y lo hace en un tono nostáligo, también preocupado (sobre todo por el futuro y las consecuencia de los cambios), un tono triste pero, sobre todo, pesimista. Y es el que el pesimismo del autor inunda sus páginas, lo cual no debe sorprender si tenemos en cuenta que fue ese pesimismo lo que le llevó a su destino final.

Leyendo este libro no he dejado de pensar en esa magnífica obra cinematográfica que es "Medianoche en París" de Woody Allen. Hay una parte en esa película en la que el protagonista es acusado de mirar demasiado al pasado, de sufrir ese "complejo de la Edad de oro" que esa sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Zweig parece sufrir ese complejo en su obra y se nota cuando en los primeros capítulos habla de su juventud en Viena. Esa maravillosa ciudad austríaca que a finales del siglo XIX rebosaba de cultura y de una sensación de seguridad y confianza en el progreso que desaparecieron tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.

La prosa de Zweig es sencilla pero envolvente, sus memorias atrapan al lector desde las primeras páginas hasta la última y el lector tiene la sensación de estar viendo a través de sus ojos un documental en blanco y negro cuya voz en off nos va contado todos esos cambios experimentados en Europa. Y es esto lo que hace de este libro no solo una verdadera joya literaria, sino también una imprescindible fuente histórica. Una fuente histórica cercana en la que he disfrutado con los momentos en los que su autor nos narra sus encuentros con las grandes personalidades culturales de la época, a quienes humaniza de una manera en las que pocos podrían, así nos habla de Thomas Mann, Richard Strauss, Rodin o Sigmun Freud. Dioses del olimpo intelectual que ya ha desaparecido. Zweig hace, casi sin proponérselo, un alegato de la cultura por la que profesa un amor incondicional.

Zweig me parece un autor al que hay que leer sí o sí y por muchas razones, pero sobre todo porque antes de autor fue lector y, como lector, fue un apasionado de todo aquello que hoy se denigra o se reduce a un segundo plano: la cultura. Y porque fue, sobre todo, europeo en el sentido de que veía a Europa como una gran comunidad en la que todos los ciudadanos tenían cabida y todos aportaban algo. Lo dicho: imprescindible.

Adaptación

Recientemente se estrenó en España una película centrada en los últimos años de vida de Zweig, cuando se encontraba en el exilio en Brasil. Zweig era judío por lo que tras la subida al poder de Hitler y la promulgación de las leyes anti judías, Zweig se vio obligado a huir primero a Londres y luego a Surámerica para acabar en Brasil donde se suicidó. La película recoge esta última etapa de su vida y está dirigida por Maria Schrader y protagonizada por Josef Hader. Aquí os dejo el tráiler por si queréis echarle un vistazo.



viernes, 23 de junio de 2017

Homenaje a Jane Austen


Quizás algunos/as ya sabréis que en julio celebramos el bicentenario de la muerte de una de las escritoras inglesas más famosas: Jane Austen, quien murió el 18 de julio de 1817 en Winchester. Yo ya tenía planeado mi homenaje personal, que era el de visitar su casa en Chawton, donde escribió y retocó todas sus novelas. Sin embargo, haciendo una escaneo de los blogs literarios que sigo me he encontrado con una iniciativa que me parece increiblemente maravillosa, primero porque da a conocer a esta grandísima autora y, segundo, porque fomenta tanto su lectura como la visualización de todas las series y películas que se han hecho de sus novelas, que no son pocas... 

Como ya he dicho, este homenaje ha sido organizado por las chicas de Las Inquilinas de Netherfield, un blog literario maravilloso e imprecidible para los que disfrutamos de la literatura clásica. Y participar es muy sencillo, pues solo hay que leer y reseñar al menos una novela de Jane Austen ¿Quién no tiene hueco este mes de julio para leer a Jane? Pues eso... A cambio podréis ganar un maravillo libro de Jane Austen sorteado por las chicas del blog, quienes han hecho un gran esfuerzo para que estos libros sean los mejores. En cualquier caso, el premio para mí no es lo más importante, sino homenajear a esta autora que tan buenos momentos me ha dado con sus novelas.

Para más información os dejo el link del homenaje y os dejo en vuestras manos si queréis participar o no (yo no tendría dudas): https://inquilinasnetherfield.blogspot.co.uk/2017/06/en-julio-mes-homenaje-jane-austen-en-netherfield.html

RESEÑAS

Persuasión: http://www.acabodeleer.com/2017/07/persuasion.html
Sense and sensibility: http://www.acabodeleer.com/2017/07/sense-and-sensibility.html
Pride and Prejudice: http://www.acabodeleer.com/2017/08/pride-and-prejudice.html

martes, 20 de junio de 2017

La gramática del amor

Título: La gramática del amor
Autor: Rocío Carmona
Páginas: 296 págs.
Editorial: La Galera

Sinopsis

Tras el divorcio de sus padres, Irene es enviada a un internado del sur de Inglaterra al borde de un acantilado. Allí vivirá con gran dolor su primer desengaño amoroso, a la vez que ganará un inesperado mentor: Peter Hugues, el profesor más estricto de la escuela, se ofrece a enseñarle la «gramática del amor» a través de siete grandes novelas del género, desde Goethe y Jane Austen hasta García Márquez y Murakami. Irene se irá enamorando poco a poco de su profesor, mientras otro pretendiente misterioso aspira secretamente a su corazón.

Opinión

   Tenemos ante nosotros una obra tan simple como su propio nombre indica y, a la vez, sorprendentemente entretenida, amena y altamente disfrutable
    Cuenta la historia de Irene, una adolescente que se va a estudiar al extranjero por motivos personales, y la pobre chiquilla sufre un terrible y catastrófico desengaño amoroso, lo que lleva al profesor de gramática, un señor muy bien puesto y muy estupendo, a asignarle una nueva actividad extraescolar: la gramática del amor.
    Pero este señor era más de literatura que de lingüística y todavía no lo sabe, así que, gracias a sus indicaciones, paseamos por una serie de novelas (al estilo de "Las ventajas de ser un marginado") y sus correspondientes moralejas.
    La lista, si breve, contiene reconocidísimos autores, como Charlotte Brontë o Gabriel García Márquez.
    Aunque es altamente predecible en algunos momentos, la narración no deja de sorprendernos y en las casi trescientas páginas que tiene no nos da tiempo a aburrirnos, lo que hace que sea muy fácil y amena su lectura.
    El estilo no es ninguna maravilla, pero no nos equivoquemos: le da mil vueltas a las formas de las sombras, por ejemplo.
    He de decir que la novela tiene una serie de elementos que parecían guiños a mi persona, lo que hace que me haya gustado a mí, personalmente, porque me han sacado más de una sonrisa. Hablo de detalles como empezar las lecturas con Murakami, a quien había leído hace bien poquito; o que el grupo favorito de la amiga sea Muse, que ya es un cachondeíto personal más que otra cosa; además de, por supuesto, que se tratan temas literaturescos, que siempre atraerán a mi espíritu filológico. 
    Resumiendo: no es la obra de mi vida, pero es una lectura que acogí de muy buena gana y que he disfrutado de principio a fin.

Aquí la lista de libros que se tratan en La gramática del amor, por si alguno quiere aventurarse:
· Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami
· Orgullo y prejuicio, de Jane Austen 
· Carta de una desconocida, de Stefan Zweig
· Ana Karenina, de Leon Tolstoi
· El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez
· Las penas del joven Werther, de J. W. Goethe


sábado, 17 de junio de 2017

El día que me vaya no se lo diré a nadie

Título: El día que me vaya no se lo diré a nadie
Autor: Kiko Amat
Páginas: 213 págs.
Editorial: Anagrama

Sinopsis
Julián es un perdedor: es poco productivo, acumula discos y libros, trabaja en una librería de segunda mano, pasa las noches en el mismo bar de Gràcia y cuida de sus zapatos y camisas como si se tratase de personas humanas. Para él, su único refugio es un mundo paralelo que no hace más que confundir su paso por el planeta: su mundo paralelo, su mundo contable y los montones de discos que se acumulan en el suelo de su piso son las únicas verdades auténticas que Julián atesora. Octava pierde también, pero menos. Su trabajo, poner la voz en el metro, en los contestadores telefónicos y en incontables sitios más, ha ido erosionando su optimismo lentamente. Su vida no está en el mejor momento: Su novio la ha dejado por otra, sus amigos le han dado la espalda y todo se cierra en torno a Octavia como una telaraña de aburrimiento. Los dos converge en tres días de prisas, cruzándose sus vidas como una pieza peligrosa de Scalextric, pensando en huir de una Barcelona confortable, suave y aburridísima mientras en su carrera suenan las mejores canciones del mundo. Un libro, una cinta y una casualidad como tantas otras completarán este encuentro improvisto, dividido en fotogramas cortísimos, que cambiará, al menos por un momento, las vidas, decisiones y esperanzas de sus personajes.

Opinión

Ay, Kiko Amat, ese gran desconocido... Pero desconocido, desconocidísimo. Descatalogado, de hecho. Llevaba dos años detrás de leer este libro en concreto, dos años buscando por las estanterías de las librerías, sin éxito, y preguntando por él sin más intención que saber que realmente existe y no fue un sueño, y tenerlo en mis manos unos minutos, básicamente, porque la cosa estaba muy mala. Pero se ve que los Reyes Magos todo lo pueden, y tras reservarlo y esperar un mes enterito a que lo trajeran (que parece que lo hubieran hecho como los antiguos libros tipográficos del siglo XV), me regalaron estas 200 páginas de oro puro.

Ya tenía muy altas expectativas desde antes de tenerlo, pero la verdad es que mi amigo, el verdadero Julián Carax, no me ha decepcionado ni un poquito.

Nos alejamos de figuras literarias decorosas y de palabrejas rebuscadas que solo Borges conoce para adentrarnos en un realismo maravilloso, con todos sus segundos y todos sus minutos, con todas las divagaciones que se pueden hacer acerca de cualquier cosa insustancial una tarde tonta. A ver, os pondré en contexto: dos personajes principales, Julián y Octavia, cada uno por su lado, dos historias que se cruzan en determinados momentos, como es de esperar en estos casos; y un narrador, que yo lo tengo por un personaje más, aunque no físico, y que creo que es el mejor de todos. Doscientas páginas para tres días. Solo tres días. Y no se hacen largos. Largos se hacen los días en La cúpula, de Stephen King. Eso sí que era morirse de la mañana a la noche. Iban todos, los 987253498 personajes, arrastrando los pies por las calles de Chester's Mills. A lo que iba, dos personajes fracasadillos y, aunque muy mundanos, muy de a pie, también muy peculiares. Sobre todo él. Y, como decía, un narrador omnisciente, que muestra muchas veces un estilo más próximo a la expresión oral que a la escrita: hace referencias al lector, se pone a divagar sobre sus propios pensamientos, opina sobre los personajes, lo que les acontece y el contexto, se pierde a veces en la narración de los hechos... Una maravilla. Y eso de los pensamientos, por parte tanto de los personajes como del narrador, es una de las cosas que resaltaría de este libro, porque es muy difícil, MUY DIFÍCIL, llenar líneas y líneas con pensamientos ocurrentes, absurdos e incluso repetitivos a veces sin que se le haga pesado al personal (véase el caso de Katniss Everdeen, que se pasa las horas muertas pensando, y encima pensando pa' ná', porque después no hace nada de lo previsto o no llega a ninguna parte interesante). Y digo líneas porque -otro punto a su favor- el libro está dividido en capitulitos-itos: tres o cuatro carillas por regla general. Tanto es así que te acostumbras de forma que seis carillas ya te parece una barbaridad y estás desando meterle mano al siguiente capítulo. Estos capítulos están titulados con una o varias palabras que se encontrarán en el mismo capítulo, lo cual me daba una curiosidad terrible porque es imposible saber por dónde va a salir. Pongamos como ejemplos "Agamenón", "Orejas", "Lechuga" o "Vokuhila". 

Os voy a poner un fragmento al azar (prometo que ha sido al azar), para que veáis un poco el estilo:

      En el autobús hacia Gràcia, Julián se columpia en la barra con ambas manos mientras piensa en la situación. La forma en que su cerebro funciona es esta:
      Aparece la idea prioritaria.
    Las prioridades de Julián son como los temporizadores en forma de gallina que la gente tiene en la cocina. Uno lo pone en marcha para diez minutos y cuando han pasado suena un timbre y el reloj se para.
     Las prioridades de Julián tienen fecha de caducidad como la leche de vaca. Hay que utilizarlas en el momento o se ponen malas.
     Uno se puede tirar horas inventando metáforas sobre las prioridades de Julián.
     Es divertidísimo.
     Tenéis que probarlo un día de estos.

El autor tiene muchas ocurrencias divertidas y las descripciones se forman de detalles muy curiosos, nada estereotípico o común, nada que me haya encontrado antes. Por eso me ha encantado. Se sale de lo común. Y entra en un naturalismo extremo y de tú a tú. Y nos muestra la locura de un excéntrico y, si lo piensas bien, todos padecemos esa locura a diario. Imaginaos lo caótico que sería escribir todo lo que se nos pasa por la cabeza. Imaginaos que lo escribimos y después eliminamos la parte aburrida y nos quedamos con lo realmente interesante, con la esencia, con la crema pensativa. Imaginaos ahora que somos capaces de sumergir esos pensamientos en un contexto y hacer con ellos una historia. Eso es lo que hace nuestro Julián Carax.

Y hasta aquí todo lo que quería destacar. Como veis, he pasado un poco del contenido, de la historia en sí. Tres días pueden dar para mucho, sí, pero creo que este no es el caso, trascendentalmente hablando. Pero claro, tiene su historia, pasan sus cositas, despiertan la curiosidad del lector, ¿y qué pasó antes? ¿Y qué pasará después? Tres días. Tres días de nuestras vidas. Tres días moviditos, por lo menos. Pues eso. A mí esos tres días me van a acompañar mucho tiempo. Para mí, este libro es todo un acierto. Bien por Carax.

Una última cita antes de terminar: 

     Detrás de él, sus amigos cuchichean. Puede oírles con toda claridad. Cuchi-cuchi-cuchi.

En conclusión: altamente recomendable. Encantada de la vida me hallo con este señor. Palabrita.

P.D: Perdonad lo caótico del texto. Son los nervios. La emoción del momento. Ay.

viernes, 2 de junio de 2017

Como fuego en el hielo

Título: Como fuego en el hielo
Autora: Luz Gabás
Editorial: Planeta
Páginas: 670

Sinopsis


El fatídico día en el que Attua tuvo que ocupar el lugar de su padre supo que su prometedor futuro se había truncado. Ahora debía regentar las termas que habían sido el sustento de su familia, en una tierra fronteriza a la que él nunca hubiera elegido regresar. Junto al suyo, también se frustró el deseo de Cristela, quien anhelaba una vida a su lado y, además, alejarse de su insoportable rutina en un entorno hostil. Un nuevo revés del destino pondrá a prueba el irrefrenable amor entre ellos; y así, entre malentendidos y obligaciones, decisiones y obsesiones, traiciones y lealtades, Luz Gabás teje una bella historia de amor, honor y superación.

Los convulsos años de mediados del siglo xix, entre guerras carlistas y revoluciones; la construcción de un sueño en las indomables montañas que separan Francia y España; y una historia de amor que traspasa todas las barreras.

Opinión

Desde que leí Palmeras en la nieve, Luz Gabás se convirtió para mí en una autora de gran interés, de esas a las que seguir muy de cerca. Tal convición se vio confirmada cuando leí su segunda novela: Regreso a tu piel, que me tuvo atrapada de principio a fin. Ambas novelas se caracterizaban por tener un argumento muy bien construido, con historias profundamente emotivas y personajes difíciles de olvidar. De ahí que estuviera deseando que saliera su nueva novela y que nada más adiquirirla me hundiera en sus páginas, dándole prioridad por encima de otros libros que llevaban tiempo en mi lista de pendientes. Desafortunadamente, he salido algo decepcionada..

En Como fuego en el hielo, Luz Gabás vuelve a contarnos una historia de amor, como ya lo hiciera en sus otras dos novelas, ambientada en un contexto histórico de lo más interesante: mediados del siglo XIX, con las guerras carlistas como telón de fondo. Sus protagonistas son Attua, un muchacho del norte de España que buscar tener un futuro brillante como su tío, y Cristela cuyo sueño es salir del pueblo en el que había sido criada por una familia adoptiva que poco la apreciaba. Una pareja de jóvenes enamorados a quienes el destino va a jugarles una mala pasada. Pese a que Luz parece repetir la misma fórmula que en sus anteriores novela, esto es, el de narrar una historia de amor en un contexto histórico apasionante, lo cierto es que en esta ocasión el resultado no ha sido tan positivo como en sus anteriores trabajos, pues algo ha debido de fallar para que al final el lector se quede con esa sensación de instatisfacción.

Creo que uno de los problemas principales de esta novela es que el romance es demasiado evidente y, prácticamente desde el principio el argumento se hace del todo predecible lo que inevitablemente le resta emoción al resto de la narración. Y sí, es cierto que por norma general estas historias son muy predecibles, pero con las otras dos novelas Luz había sido capaz de generar una gran expectación en mí, las historias no eran tan predecibles y el final, dentro de los tópicos de estas novelas, no habían sido tan evidentes. En esta ocasión, Attua y Cristela se quieren desde el principio y el lector sabe que inevitablemente algo va a pasar que les va a separar y que el resto de la historia va a centrarse en las idas y venidas de estos dos personajes, hasta el punto de que todo lo demás es demasiado secundario. 

Y ese es precisamente el otro fallo que le veo a la novela, que la autora se centra demasiado en la historia de "desamor" de los protagonistas, olvidando por completo todo el contexto histórico en el que se supone que se ambienta la novela (al menos así parece que se da a entender en la sinopsis). Ni las guerras carlistas, ni siquiera el tema de los baños, parecen tener importancia pues su presencia se va difuminando a medida que se va desarrollando la historia. A mí parecer, hubiera sido más interesante si Attua hubiera tenido una mayor conciencia ideológica y hubiera participado en el conflicto carlista, en lugar de ser un mero testigo de las andadas de su amigo; o si la autora hubiera ahondado más en el tema de los baños y la influencia económica que éstos tuvieron en ciertas comarcas del norte de España. Pero desafortunadamente, todo esto se queda en un segundo o tercer plano y la atención solo se centra en el amor imposible de unos personajes a los que les falta pasión. 

El final de la novela es frío y predecible. Algunas líneas argumentales parecen estar poco trabajadas y me da la sensación de que la novela en sí está menos elaborada, se nota una cierta dejadez... Le perdono a Luz este pequeño tropezón y no por ello voy a dejar de leer sus historias, pero sí que en este caso me ha decepcionado un poco. Espero que no le ocurra como a María Dueñas, cuya primera novela me pareció fantástica, pero que luego solo ha tratado de demostrar que no es una autora de una única novela, con poco éxito a mi parecer.