miércoles, 26 de diciembre de 2018

Instrumental

Título: Instrumental
Autor: James Thodes
Editorial: Cannon Gate
Páginas:  275

Sinopsis

This is a memoir like no other: unapologetically candid, boldly outspoken and surprisingly funny - James' prose is shot through with an unexpectedly mordant wit, even at the darkest of moments. An impassioned tribute to the therapeutic powers of music, Instrumental also weaves in fascinating facts about how classical music actually works and about the extraordinary lives of some of the great composers. It explains why and how music has the potential to transform all of our lives.





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Opinión

No sé si conocen a James Rhodes o si lo conocen por ese artículo tan ridículamente optimista que publicó sobre lo increíblemente maravillosa que es España que lo ha hecho convertirse casi un chiste. James Rhodes es mucho más que eso. La primera vez que oí o leí algo sobre James Rhodes fue, irónicamente, en El País. Era un artículo sobre un pianista que había publicado un escandaloso libro sobre los abusos sexuales que había sufrido cuando era pequeño, con independencia de la repugnacia que me provocan todas las noticias sobre abusos sexuales, nada más pareció llamar mi atención. Luego vi el programa de Évole títulado ¿Quién es James Rhodes?  (Lo cierto es que lo he visto dos veces) y no sé si fue por la manera que toca el piano, diciendo tanto hablando tan poco, o por la manera en la que se expresa cuando cuenta todo lo que ha sufrido, pero esta vez sí que me llamó la atención y empecé a seguirle. Ahora lo escucho en la radio, en "A vivir" de la Cadena Ser y veo sus entrevistas y escucho la música que toca. Quizás es porque soy una pianista frustrada o porque veo en James a una persona increíblemente fuerte y sensible, pero lo cierto es que siento una gran admiración por él.

Leer sus memorias me resultó el paso lógico. ¿Cómo es posible admirar tanto a una persona y no conocerle un poquito más? Soy una apasionada de las biografías y leo todas las que puedo de los personajes históricos que admiro, desde Isabel la Católica hasta Elizabeth de Austria-Hungría. A veces leo dos o tres biografías del mismo personaje, pues sino me equivoco he llegado a leer cuatro biografías de mi querida Jane Austen ¿por qué no hacerlo de una persona que aún sigue viva? Y lo cierto es que me ha parecido una lectura brutal, por no encontrar otro adjetivo que mejor la defina. La he disfrutado de principio a fin, pero también ha sido dolorosa. Si eres una persona que empatizas fácilmente, que puedes ponerte en los zapatos de otro y sentir algo de su dolor, este no es tu libro porque lo que cuenta James sobre su infancia, adolescencia y parte de su juventud es tan jodidamente brutal que no es que sientas pena, es que acabas preguntándote cómo fue capaz de salir de todo eso. La respuesta es, a simple vista, sencilla: la música. Yo, que también he pasado por algunos momentos de mierda, si tuviera que decir qué es lo que me salvó diría que es Inglaterra y mi pareja, para James Rhodes fue escuchar a Bach y, voy a ser sincera, cómo le envidio. Le envidio porque a pesar de que me gusta muchísimo la música clásica no creo que pueda sentir lo mismo que él siente por algo tan perfecto. Una creación sin fecha de caducidad: la música clásica. Y no puedo estar más de acuerdo con él cuando afirma que en doscientos años nadie escuchará a Bieber, de hecho me sorprende si lo siguen escuchando en 20 años, pero Bach, Chopin, Beethoven, Schubert... ellos seguirán ahí, seguirán emocionando y ¿Por qué no? Seguirán salvando vidas como lo hicieron con James Rhodes. 

Sin duda alguna, lo más impactante de estas memorias (sobre todo si las compara a las de Stefan Zweig, otro libro que no dejo de recomendar) es lo poco políticamente correcto que es el autor, por ejemplo, la manera en la que habla del tabaco (especialmente por el tabú que existe hoy día hacia un vicio que provoca millones de muertos), el suicido o las autolesiones. Cuando trata estos temas, James es brutalmente honesto y no corta absolutamente nada, así del tabaco dice que es uno de los mejores vicios que se puede tener, mucho mejor que ir a un psicólogo, la libertad que te da y la diversión que provoca el planear un suicidio o la adicción a las autolesiones, considerándolas un sustituto de las drogas. Y pese a que puede parecer chocante lo que dice, sobre todo para esos lectores más sensibles o amantes de lo políticamente correcto, lo cierto es que tiene todo el sentido, es decir, hablamos de una persona profundamente jodida ¿Cómo no iba a fumar? ¿Cómo no iba a autolesionarse? ¿Cómo no iba a pensar en el suicido? Pero creo que ahí está lo triste, porque todo esto es la consecuencia de algo profundamente aberrante: James fue violado por un hombre de 30 ó 40 años y los que leemos no entendemos, no podemos a llegar a entender (porque no fuimos violados), el tremendo impacto que este hecho tuvo (y, por desgracia, aún tiene) en ese niño de 4 años que empezaba a descubrir el mundo. Y eso, pues eso lo jodió todo para él hasta que llegó la música. 

Asimismo, otro detalle que me ha encantado de las memorias y que me ha sabido a poco, es la manera en la que James cuenta anecdotas de los compositores a los que admira. Realmente podría leer todo un libro de anecdota tras anecdota y creo que su manager tenía razón, la música clásica se disfruta más si se sabe de dónde viene, esas historias que se esconden detrás de una composión. De hecho, tras terminar de leer su libro me he lanzado a ver el documental que la BBC hizo sobre Chopin (disponible en Youtube) en la que James Rhodes interviente y ¡cuánto he disfrutado! No tenía ni idea de quién era Chopin y lo mucho que admiraba la voz femenina y lo pronto que dejó este mundo... James hizo algo inteligentísimo, acercar la música clásica y no solo tocando el piano de una manera absolutamente flipante, pero también dando conocer a las personas detrás de esa música.  No me importa si un concierto de James cuesta 50 ó 100 euros, pero pagaría por asisitir sin duda alguna. 

Sin embargo, pese a que este libro trata muchos temas a la vez, creo que el mensaje más importante y de absoluta necesidad hoy día es que es esencial dar a conocer la problemática del abuso. Y no darla a conocer como "oh Dios, hay problema, hablamos dos o tres día del tema y listo". No, la violación a niños ocurre cada día y los problemas mentales que de ello se deriva ocurren cada día y cada día se jode la vida de una persona porque un adulto, un absoluto degenerado, busca placer donde no debe. Y creo que esa es la llamada de atención de este libro. James tuvo la increíble suerte de tener la música y gente que le ayudaba, no todos los niños que son violados tienen esa suerte y de ahí que su labor, no solo escribiendo este libro pero colaborando con, por ejemplo, el gobierno español es tan necesaria. Sí, son unas memorias, pero también son algo más que eso. 

Quería terminar volviendo con ese artículo que mencionaba al principio de esta entrada. Decía que ese artículo tan ridículamente optimista sobre las ventajas de vivir en España habían covertido a James en un chiste. Ciertamente muchos en twitter o Facebook han escrito chistes y comentarios al respecto. Creo que los que nos hemos visto obligados a dejar España por motivos económicos nos hemos vuelto algo cínicos, o muy cínicos, con respecto a España. Yo soy como una novia a la que han dejado, corté de raíz con mi país, me sentí traicionada y ahora no veo motivo para volver. Pero entiendo a James, entiendo que vea en mi país un lugar para ser feliz y ¡coño! se lo merece. Cuando lo escucho hablar, cuando leo sus tuits, algunos llenos de absoluta felicidad pienso que ya era hora para él tener esa oportunidad de encontrar la felicidad, donde quiera que esté, y que sería un verdadero placer tener una conversación con él. Y, tras esta extensa reseña (ya véis que mi admiración es grande) solo me queda recomendar el libro, por muchas razones, pero sobre todo porque es un hombre hablando con total honestidad de las cosas que le pasaron y de la música que le salvó la vida. 

3 comentarios:

  1. Ya también le escucho en A vivir que son dos días de la cadena Ser. Conozco el libro, pero no lo he leído, creo que lo que cuenta es duro y por eso lo voy dejando pasar, reconozco que no me gusta pasarlo mal cuando leo y menos cuando se trata de niños o relacionados con ellos. Pero admiro a Rhodes y su amor por la música y como está le salvó.
    Besos

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  2. "Instrumental" me dejó en shock. Lo leí cuando salió, creo que hace un par de años, y fue como una patada en el estómago, seguramente porque no suelo leer este tipo de libros, pero sobre todo por el horror que explica Rhodes. Me gustó por su sencillez y su falta de "pretensiones dramáticas", y pensé que era una libro que él necesitaba escribir y que la sociedad necesita entender. Y si Rhodes es más conocido por su felicidad al mudarse de país, ya me parece bien porque su voz en defensa contra el abuso infantil debería escucharse con muchísimo más interés que cuando habla de tortilla de patatas. Besos.

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    1. No podría estar más de acuerdo con tu comentario, yo creo que el libro fue parte de su salvación también. Es un libro que duele leer, pero creo que al mismo tiempo te ayuda a entenderle más.

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