jueves, 25 de julio de 2019

History on Trial: My Day in Court with a Holocaust Denier.

Título: History on Trial: My Day in Court with a Holocaust Denier.
Autora: Deborah E. Lipstadt
Editorial: Harper Collins
Páginas: 346

Sinopsis

In her acclaimed 1993 book Denying the Holocaust, Deborah Lipstadt called putative WWII historian David Irving "one of the most dangerous spokespersons for Holocaust denial." A prolific author of books on Nazi Germany who has claimed that more people died in Ted Kennedy's car at Chappaquiddick than in the gas chambers at Auschwitz, Irving responded by filing a libel lawsuit in the United Kingdom -- where the burden of proof lies on the defendant, not on the plaintiff. At stake were not only the reputations of two historians but the record of history itself.





Opinión

Al salir de los juzgados, una mujer se acercó a David Irving, quien se econtraba hablando con los periodistas, y le dijo que su madre había muerto en Auschwitz. Irving se volvió y le dijo con una sonrisa en la cara: "Pues le alegrará saber que su madre probablemente murió de Tifus". Y ¿Quién es David Irving? Bueno si su respuesta no os ha sido suficiente para haceros una idea de este personaje, os cuento que Irving es un "historiador" británico, conocido por sus trabajos sobre la Segunda Guerra Mundial y Hitler, pero sobre todo es conocido por sus declaraciones negando el holocausto y exculpando a Hitler pues... de casi todo. Pero también es conocido por llevar a juicio a la historiadora especialista en el holocausto, Debora E. Lipstadt, quien a finales de los noventas publicó un libro, Denying the Holocaust: The Growing Assault On Truth And Memory, en el que analiza las formas en la que los negacionistas actúan para negar el holocausto y el peligro que esto puede suponer en el futuro. Entre ellos, Deborah cita la labor falsificadora de Irving, quien ofendido acusó a Deborah de poner en peligro su credibilidad y su carrera y de ahí que la demandara.

A History on Trial recoge precisamente todo esto que mencionaba más arriba, es decir, todo el proceso judicial desde la perspectiva de Deborah y las consecuencias que éste tuvieron no solo de una forma profesional (tuvo que pedir un año sabático para poder atender al juicio), personal, emocional, pero también unas consecuencias históricas, pues tras el mismo se empezaron a plantearse una serie de cuestiones muy interesantes como la de si la veracidad de los hechos históricos debían resolverse en un juicio. 

Sin duda alguna, Deborah hace una labor excelente como cronista de su propio juicio, quizás ya entonces era consciente de que este juicio era un punto de inflexión no solo en su carrera pero en la labor histórica general, en la responsabilidad del historiador con respecto a la Historia. Así, Deborah parte de sí misma, quién es ella y cómo llega a interesarse por el holocausto y qué le llevó a investigar el negacionismo. Y creo que esto es interesante porque el historiador no nace sabiendo qué va a investigar, sino que se forma poco a poco y va dirigiendo su carrera a una línea de investigación a la que le va a dedicar, muy posiblemente, toda su vida. Y tras esto, Deborah nos cuenta cómo le llegó la demanda y su decisión de luchar en lugar de aceptar un simple acuerdo que dejaría a Irving más que satisfecho, pues sería como darle la razón. Deborah entra en detalles sobre la preparación del juicio, la contratación de investigadores que examinarían en detalles el trabajo de Irving, pues era ella la que debía demotrar que lo que había dicho de Irving, es decir que era un falsificador de la Historia, era verdad. La parte más intensa del libro es la que dedica al juicio, y en esta ocasión Deborah no escatima en detalles y resalta las declaraciones más impactantes y los testimonios más importantes. Finalmente, Deborah nos cuenta cómo se sintió antes del veredicto y qué supuso éste para ella. 

Mentiría si dijera que la lectura de este libro es ligerita, pues no lo es. Es un libro lleno de detalles y, en ocasiones, se puede hacer pesado, sobre todo cuando entra en detalles sobre la Segunda Guerra Mundial y tal. Sin embargo, también es verdad que puede ser un libro chocante, particularmente cuando Irving insiste en manipular y falsificar para negar lo innegable y de hacerlo de una forma tan absolutamente rotunda y fría que, a veces, me ha dado por pensar que Irving verdaderamente creía lo que decía, que para él no había habido holocausto y que Hitler no tenía ni idea del mismo... Sus intervenciones en asociaciones neonazi, sus declaraciones racistas, su actitud ante víctimas del holocausto, no dejan indiferente. 

Este libro no es sólo una crónica sobre un juicio, es una descripción que se queda muy pequeña, pues también es una invitación a la reflexión ¿Deben la veracidad de los hechos históricos resolverse en un juicio? Probablemente no ¿Hasta que punto la libertad de expresión no es un arma de doble filo usada por los negacionistas para decir verdaderas atrocidades? ¿Cuál es la responsabilidad del historiador para con la Historia? Porque si algo debemos extraer de la labor de Irving como "historiador" es que si este no respeta la Historia, si no es honrado en su rol, puede manipular datos objetivos para que estén en consonancia con la ideología que seguimos y esto, dejenme que le diga, es aterrador.

Sin duda alguna, ha sido una lectura muy interesante y de rabiosa actualidad y más teniendo en cuenta cómo la ultra derecha se está haciendo con el poder en Europa. No hay que olvidar que la historia que se olvida es historia que se repite. 


Adaptación

Si creéis que el libro os puede resultar pesado de leer, hay una buena alternativa ya que en 2016 fue adaptado para la gran pantalla aunque pasó sin pena ni gloria. La película está dirigida por Mick Jackson y cuenta con un reparto espectacular: Rachel Weisz como Deborah, Timothy Spall como Irving, acompañados por Tom Wilkinson, Andrew Scoot, Alex Jennings, etc. Yo es una película que he visto en varias ocasiones y me gusta mucho. Os dejo el tráiler para que juzguéis por vosotros mismos:






domingo, 21 de julio de 2019

La impaciencia del corazón

Título: La impaciencia del corazón
Autor: Stefan Zweig
Editorial: Acantilado
Páginas: 464


Sinopsis

En los albores de la Gran Guerra, el teniente Anton Hofmiller recibe una invitación para acudir al castillo del magnate húngaro Lajos von Kekesfalva, cuya hija, que sufre parálisis crónica, se enamora del joven oficial. Hofmiller, que sólo siente compasión por la joven Edith, decidirá ocultar sus verdaderos sentimientos y le hará tener esperanzas en una pronta recuperación. Llega incluso a prometerse con ella, pero no reconoce su noviazgo en público. Como un criminal en la oscuridad, Hofmiller se refugiará en la guerra, de donde regresará como un auténtico héroe.





Opinión

¡Ah, esa maldita compasión, esa maldita compasión! Con esta cita bien podría resumirse la novela que hoy reseño y que vuelve a acercarme a la faceta que menos conozco de Zweig: el de novelista.

La impaciencia del corazón es una novela intensa que tiene como protagonista al teniente Hofmiller que, cansado de ser recibido como héroe por su acciones en la Primera Guerra Mudial, decide "contarnos" sus penurias de juventud. Y todo empieza con un baile y un tremendo error. Estando destinado a una ciudad de Austria para completar su formación de militar, Hofmiller es invitado a una recepción el castillo de Kekesfalva. Allí, asombrado por el lujo, la comida y la música, decide honrar la invitación que ha recibido, invitando a la hija del dueño de la casa, Edith, sin saber que ésta sufre de una enfermedad que la tiene paralizada de cintura para abajo. Abochornado por su enorme error, Hofmiller abandona el castillo sin despedirse, casi como un delincuente, sintiendo una enorme sensación de culpabilidad y vergüenza. No obstante, al día siguiente decide hacer frente a su error y manda unas flores a la joven Edith, a las que seguirá sus constantes visitas. Hofmiller penetra poco a poco en un mundo en el que la compasión le llevará a actuar de una forma que tendrá terribles consecuencias para él y los personajes que le acompañan: Por primera vez empecé a comprender que los peores males de este mundo no son los causados por la maldad y la brutalidad, sino los causados por la debilidad.

Esta novela de Zweig puede considerarse casi como un experimento en el que el autor analiza hasta dónde puede llegar la compasión extrema y qué consecuencias puede tener. Usa la figura del teniente y sus acciones para explorar cómo una persona movida únicamente por el sentimiento de la compasión y la lástima puede cometer una serie de actos y decir una serie de cosas que en realidad no siente y de esta manera alterar su vida y, sin duda alguna, la de las personas que son receptoras de ese sentimiento. Aquí, la principal víctima es Edith, una joven que una vez estuvo sana, que una vez corrió, saltó y montó a caballo, que una vez enfermó y no pudo andar más y que se le arrebató lo que una vez tuvo. Edith es, sin duda, el personaje más complejo emocionalmente, pues por su enfermedad Edith siente tristeza por la salud perdida, frustación por una cura que no llega nunca, ira por no poder hacer lo que desea... Edith tiene los sentimientos a flor de piel y la compasión del teniente, con sus constantes visitas y atenciones, las falsas promesas de una cura que no llega y la falsa apariencia del amor, harán que enloquezcan a la joven inválida y el teniente no se dará cuenta de ello hasta que no es demasiado tarde: Pero, acto seguido, comprendí con nuevo espanto que nada sino precisamente mi apasionada compasión era la principal culpable de que esta muchacha abandonada y aislada del mundo esperara de mí, el único hombre que la visitaba asiduamente día tras día en su cárcel, que esperara de este loco, presa de su compasión, un sentimiento distinto, un sentimiento de ternura. El teniente no solo es preso de su propia compasión, que le impide ver los sentimientos de la joven Edith, sino también de los prejuicios que le harán pensar que sea imposible para una inválida sentir amor, o enamorarse perdidamente: Nunca, a los veinticinco años, me hubiera atrevido siquiera a soñar con la posibilidad de que también las enfermas, las inválidas, las inmaduras, las demasiado viejas, las excluidas y marcadas entre las mujeres, osaran amar,

Otra víctima de la compasión extrema del teniente es Kekesfalva, un personaje singular del que también podemos conocer su pasado. Sin duda alguna, las acciones del teniente llevaran a este pobre hombre a la falsa esperanza de poder ver a su hija sana... Kekesfalva siente una enorme desesperación que lo lleva a enfermar y una gran impotencia, pues acostumbrado a conseguir todo con dinero, ve como ni todo el dinero del mundo puede comprar la salud de su hija. La posibilidad de una cura, por mínima que sea, lleva a este viejo hombre a creer lo que sea e incluso a vender a su hija a un matrimonio movido por la lástima si eso la hace feliz. El único personaje que hace frente a la compasión es el doctor Cóndor, el doctor de las causas imposibles. La compasión del doctor es muy diferente a la que siente el teniente, pues no es una compasión que ciega sino una compasión que lleva a ayudar a la gente sin entregar falsas esperanzas y es el doctor el que trata de guiar al joven teniente: Pero, y creo que se lo advertí una vez, eso de la compasión es una maldita arma de doble filo. El que no sabe manejarla, mejor que no la toque con la mano y menos aún con el corazón. 

En definitiva, en La impaciencia del corazón, Zweig vuelve a experimentar con los sentimientos humanos y vuelve a ponerse en la piel de aquel quien los siente. Zweig tiene una habilidad especial para jugar con estos, explorar y analizar las consecuencias, ya lo hizó en Carta de una desconocida y vuelve a hacerlo a aquí. Lectura recomendada para los fans de este autor.  


sábado, 6 de julio de 2019

Los Buenos

Título: Los Buenos
Autora: Hannah Kent
Editorial: Alba Contemporánea
Páginas: 432

Sinopsis

Inspirada en un caso real de infanticidio, Los buenos se sitúa en el año 1825, en un remoto valle de Irlanda. Allí viven tres mujeres a las que van a unir una serie de acontecimientos extraños y trágicos. Nóra Leahy ha perdido a su hija y a su marido en el mismo año, y se ocupa del cuidado de su nieto, Michael, a quien tiene oculto por su deformidad, cuidado por Mary Clifford. Nance Roche, una anciana curandera, vive sola cerca del río y suele curar, con sus hierbas y consejos, los males inexplicables de la gente. Con la llegada de un nuevo sacerdote que quiere limpiar el valle de prácticas supersticiosas, la pureza de las acciones de Nance se pondrá en duda. Los Buenos es una novela atractiva y desgarradora.



Opinión

Como podéis ver, vuelvo a repetir con la que ya considero el gran descubrimiento del año: Hannah Kent, una autora que me fascinó con su tono intimista en la novela Rito Funerarios. No cabe duda de que la fórmula le funcionó tan bien que volvió a repetir con la novela que hoy os traigo: Los Buenos.

Pero antes de adentrarnos en la misma, no sé si los lectores que os acercáis por aquí habéis visto alguna vez la serie de Outlander. A mí es una serie que me gusta por muchos motivos, pero particularmente por como muestra las tradiciones escocesas, representadas bastante mejor en la serie que en los libros. Pues dicho esto, en cierto capítulo de la primera temporada, nuestra protagonista, Claire, se topa con una de las supersticiones escocesas más chocantes para una mujer del siglo XX: la de los niños cambiados. Y es que en la Escocia del siglo XVIII, así como en otros países de la época, se creía que los niños que nacían enfermos, débiles, tullidos eran en realidad niños postizos, es decir, niños que habían dejado las hadas en lugar de aquel que había nacido sano. Sin duda alguna, esta creencia no era sino más que un autoengaño, una forma más de evitar, de cerrar los ojos a una cruel realidad... la solución no era otra que dejar al niño enfermo en un monte, donde se creía que vivían las hadas para que éstas volvieran a cambiar al niño. Al final lo que ocurría es que el niño enfermo moría y la superstición terminaba en un infanticidio que de alguna manera liberaba a unos padres de la carga que suponía el cuidar un niño enfermo, asimismo hacía que toda la situación fuera menos trágica. Hoy todo esto nos parece horroroso, pero esta creencia estaba fuertemente arraigada sobre todo en las zonas rurales, donde toda esta creencia pervivía de una forma pura. Es justamente esta historia la que nos trae Hannah, basada nuevamente en un hecho real ocurrido en la Irlanda del siglo XIX.

Las protagonistas, una vez más, vuelven a ser mujeres: Nora, Mary y Nance, tres mujeres de generaciones diferentes pero unidas en una sola creencia: la de que el pobre Mihail, un niño de cuatro año, no es más que un niño postizo, un niño dejado por las hadas en lugar del verdadero Mihail; por tanto, la misión de estas tres mujeres es la de traer al verdadero niño cueste lo que cueste. Sin embargo, a las tres les mueve un motivo distinto para llevar a cabo esta misión. A Nora le mueve la pena y es, sin duda alguna, el personaje que más lástima despierta al lector. Viuda reciente, con una única hija muerta y sumida en la pena y el desconsuelo, se encuentra a sí misma en la obligación de cuidar a un niño que no reconoce, a  un niño de cuatro años tullido, que no habla, ni anda y lo único que hace es llorar y comer pero sin crecer. A Nora le abruma la carga y la soledad y lleva a contratar a Mary, que se mueve por la obligación y la desesperación, una joven de una familia numerosa y pobre que debe trabajar para alimentar a sus hermanos. Mary debe cuidar a un niño del que siente lástima y miedo y representa a esa campesina ignorante, temerosa que cree y teme a lo desconocido. Finalmente, a Nace le mueve su propia reputación y seguridad, es la gran salvadora. Es un personaje místico, una curandera que usa hierbas y conjuros para curar lo que se piensa incurable, que reza a Dios y habla con las hadas. La mezcla perfecta entre religión y superstición. Nora ve en Nance su única esperanza para curar, o recuperar, a su nieto de las hadas. Y es esa obsesión la que llevará a estas tres mujeres a cometer un hecho atroz.

Hannah Kent vuelve hacer gala de una increíble labor documental, si bien es cierto que la historia no se desarrolla más que del hecho en si mismo, sin embargo la autora ha sabido reflejar de una forma excelente esa mezcla que existía entre la superstición y la religión en la sociedad rural irlandesa, asimismo perfila de forma absolutamente maravillosa a estas tres mujeres: la viuda llevada por la obsesión, la campesina temerosa obligada por las circunstancias a seguir a su ama y la anciana mística que ve su existencia en peligro ante el avance el peso de la religión católica. Esa lucha entre la pervivencia de las viejas supersticiones consideradas casi heréticas y la imposición del catolicismo, se observa en la figura del cura nuevo que llega al pueblo y que no está dispuesto a aceptar las doctrinas de la anciana. Las ideas del cura calarán en aquellos que más insatisfechos se sienten ante la intromisión de Nance, cuyas curas no siempre tienen éxito. Pero no es hasta el final del libro cuando el lector se de cuenta de lo poco que durarán esas creencias, sobre todo cuando ante un horrible crimen las mujeres no son más que vistas como pobres creyentes de una superstición absurda. Una obsesión que les ha llevado a la locura. 

Hannah Kent vuelve a fascinarme con su habilidad para imaginar lo que habría ocurrido en un hecho que es real. Usa una combinación de ficción e historia que me atrapa, precisamente porque sé que tras lo que leo hay una historia real que la autora ha reconstruido para mí, me ha permitido acceder a ese hecho gracias a su increíble imaginación y no sé si es la historiadora que hay en mí, pero a mí esta idea de literatura me ha atrapado y Hannah puede contarme entre sus incondicionales. Si no la has leído, no tardes en hacerlo.