sábado, 6 de julio de 2019

Los Buenos

Título: Los Buenos
Autora: Hannah Kent
Editorial: Alba Contemporánea
Páginas: 432

Sinopsis

Inspirada en un caso real de infanticidio, Los buenos se sitúa en el año 1825, en un remoto valle de Irlanda. Allí viven tres mujeres a las que van a unir una serie de acontecimientos extraños y trágicos. Nóra Leahy ha perdido a su hija y a su marido en el mismo año, y se ocupa del cuidado de su nieto, Michael, a quien tiene oculto por su deformidad, cuidado por Mary Clifford. Nance Roche, una anciana curandera, vive sola cerca del río y suele curar, con sus hierbas y consejos, los males inexplicables de la gente. Con la llegada de un nuevo sacerdote que quiere limpiar el valle de prácticas supersticiosas, la pureza de las acciones de Nance se pondrá en duda. Los Buenos es una novela atractiva y desgarradora.



Opinión

Como podéis ver, vuelvo a repetir con la que ya considero el gran descubrimiento del año: Hannah Kent, una autora que me fascinó con su tono intimista en la novela Rito Funerarios. No cabe duda de que la fórmula le funcionó tan bien que volvió a repetir con la novela que hoy os traigo: Los Buenos.

Pero antes de adentrarnos en la misma, no sé si los lectores que os acercáis por aquí habéis visto alguna vez la serie de Outlander. A mí es una serie que me gusta por muchos motivos, pero particularmente por como muestra las tradiciones escocesas, representadas bastante mejor en la serie que en los libros. Pues dicho esto, en cierto capítulo de la primera temporada, nuestra protagonista, Claire, se topa con una de las supersticiones escocesas más chocantes para una mujer del siglo XX: la de los niños cambiados. Y es que en la Escocia del siglo XVIII, así como en otros países de la época, se creía que los niños que nacían enfermos, débiles, tullidos eran en realidad niños postizos, es decir, niños que habían dejado las hadas en lugar de aquel que había nacido sano. Sin duda alguna, esta creencia no era sino más que un autoengaño, una forma más de evitar, de cerrar los ojos a una cruel realidad... la solución no era otra que dejar al niño enfermo en un monte, donde se creía que vivían las hadas para que éstas volvieran a cambiar al niño. Al final lo que ocurría es que el niño enfermo moría y la superstición terminaba en un infanticidio que de alguna manera liberaba a unos padres de la carga que suponía el cuidar un niño enfermo, asimismo hacía que toda la situación fuera menos trágica. Hoy todo esto nos parece horroroso, pero esta creencia estaba fuertemente arraigada sobre todo en las zonas rurales, donde toda esta creencia pervivía de una forma pura. Es justamente esta historia la que nos trae Hannah, basada nuevamente en un hecho real ocurrido en la Irlanda del siglo XIX.

Las protagonistas, una vez más, vuelven a ser mujeres: Nora, Mary y Nance, tres mujeres de generaciones diferentes pero unidas en una sola creencia: la de que el pobre Mihail, un niño de cuatro año, no es más que un niño postizo, un niño dejado por las hadas en lugar del verdadero Mihail; por tanto, la misión de estas tres mujeres es la de traer al verdadero niño cueste lo que cueste. Sin embargo, a las tres les mueve un motivo distinto para llevar a cabo esta misión. A Nora le mueve la pena y es, sin duda alguna, el personaje que más lástima despierta al lector. Viuda reciente, con una única hija muerta y sumida en la pena y el desconsuelo, se encuentra a sí misma en la obligación de cuidar a un niño que no reconoce, a  un niño de cuatro años tullido, que no habla, ni anda y lo único que hace es llorar y comer pero sin crecer. A Nora le abruma la carga y la soledad y lleva a contratar a Mary, que se mueve por la obligación y la desesperación, una joven de una familia numerosa y pobre que debe trabajar para alimentar a sus hermanos. Mary debe cuidar a un niño del que siente lástima y miedo y representa a esa campesina ignorante, temerosa que cree y teme a lo desconocido. Finalmente, a Nace le mueve su propia reputación y seguridad, es la gran salvadora. Es un personaje místico, una curandera que usa hierbas y conjuros para curar lo que se piensa incurable, que reza a Dios y habla con las hadas. La mezcla perfecta entre religión y superstición. Nora ve en Nance su única esperanza para curar, o recuperar, a su nieto de las hadas. Y es esa obsesión la que llevará a estas tres mujeres a cometer un hecho atroz.

Hannah Kent vuelve hacer gala de una increíble labor documental, si bien es cierto que la historia no se desarrolla más que del hecho en si mismo, sin embargo la autora ha sabido reflejar de una forma excelente esa mezcla que existía entre la superstición y la religión en la sociedad rural irlandesa, asimismo perfila de forma absolutamente maravillosa a estas tres mujeres: la viuda llevada por la obsesión, la campesina temerosa obligada por las circunstancias a seguir a su ama y la anciana mística que ve su existencia en peligro ante el avance el peso de la religión católica. Esa lucha entre la pervivencia de las viejas supersticiones consideradas casi heréticas y la imposición del catolicismo, se observa en la figura del cura nuevo que llega al pueblo y que no está dispuesto a aceptar las doctrinas de la anciana. Las ideas del cura calarán en aquellos que más insatisfechos se sienten ante la intromisión de Nance, cuyas curas no siempre tienen éxito. Pero no es hasta el final del libro cuando el lector se de cuenta de lo poco que durarán esas creencias, sobre todo cuando ante un horrible crimen las mujeres no son más que vistas como pobres creyentes de una superstición absurda. Una obsesión que les ha llevado a la locura. 

Hannah Kent vuelve a fascinarme con su habilidad para imaginar lo que habría ocurrido en un hecho que es real. Usa una combinación de ficción e historia que me atrapa, precisamente porque sé que tras lo que leo hay una historia real que la autora ha reconstruido para mí, me ha permitido acceder a ese hecho gracias a su increíble imaginación y no sé si es la historiadora que hay en mí, pero a mí esta idea de literatura me ha atrapado y Hannah puede contarme entre sus incondicionales. Si no la has leído, no tardes en hacerlo. 

6 comentarios:

  1. Desde que leí, y disfruté, Ritos funerarios sabía que algún día leería Los buenos. Ahora me lo has recordado, porque en esta vorágine de lecturas a veces nos despistamos. Voy a incluirla ya en mi lista de próximas lecturas. Espero que me guste tanto como te ha gustado a ti.
    Un abrazo

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  2. Waoo ... no te niego que me da muchísima curiosidad saber más de esa superstición, pero a la vez me parten el alma las historias que implican niños enfermos y sufridos. MI hijo de hecho tiene 4 años y en cada personaje vulnerable, necesitado de protección y rechazado que leo, me lo figuro a él y es imposible no involucrarme personalmente. Fíjate que hasta he tenido pesadillas.Así de mucho me influye lo que voy leyendo.

    Es una reseña muy buena por cierto. Te felicito por presentar a la autora con tan buenas opiniones. Dan muchas ganas de conocerla.

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  3. Me gustó bastante Ritos funerarios. Lo que más disfruté fue descubrir la cultura de la Islandia del siglo XIX. Creo que me gustaría conocer también la Irlanda rural de aquellos años con esta otra novela.
    Besos

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  4. ¡Hola! me encantan las historias mezcla realidad con ficción. No he leído a esta autora, aunque sí he oído hablar muy bien de "Ritos funerarios" que tengo en mente leer
    Besos

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  5. Desde que leí el de Ritos me muero por hacerme con este. Espero no equivocarme, pero en Hannah Kent he encontrado una de mis autoras contemporáneas favoritas.

    ¡Besote!

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  6. Alejandra, suena muy bien este libro, y describes de maravilla lo que hay tras él. Sin embargo, y a pesar de que no dudo de que Hannah Kent me encantaría, de momento voy a declinar la invitación. Lo anoto, para el futuro...porque nunca se sabe. Ahora no me apetece mucho leer sobre niños robados, ni luchas ideológicas,...sabemos con claridad que mal usadas, pueden hacer muchísimo daño.

    De todos modos, como digo, lo anoto, y tus palabras, me han hecho viajar al menos, a parte del libro...de esas tres mujeres unidas de algún modo en el tiempo.

    Un abrazo grande y feliz verano.

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